Capitol 6
A la mañana siguiente, aun estaba enfadada con Lin. Había sufrido sin ningun motivo durante toda la tarde anterior, aunque acabé por perdonarla (lo que no le dije es que ya sabía con quién había estado, ya que no quería morir tan joven). Además, había estado en buenas manos. Al encontrarnos por la mañana en la cocina, Lin tenía la cabeza apoyada en las manos y con cara de no tener buenos amigos:
Ángela: Tomate un
café, te sentará bien –le dije acercándole una taza humeante. Ella solo
cogió la taza y tomó un sorbo– Después de tanto ejercicio será mejor que
también comas algo. –solté una risita
tonta. Lin me miró intrigada y Viggo,
que no le habíamos contado la historia, le dijo:
Viggo: Me parece que ayer bebiste demasiado, ¿right? –poniéndole una mano en el hombro – Iba a llevaros hoy al
rodaje, pero me parece mejor que al menos tú Lin no
vengas y te quedes a descansar. –yo me
levanté de la silla y le dije:
Ángela: ¿De verdad
nos vas a llevar al rodaje? –haciendo una pausa, miré a Lin – Si no te sabe mal quedarte sola durante un par de horas… –ella volvió a tomar un sorbo de café y
dijo:
Lin: Claro que no me importa, ve. –y volvió a concentrarse en la taza de café. Yo le pregunté,
acercándome a ella:
Ángela: ¿De verdad
que no te importa? –ella me soltó:
Lin: Haz el favor de irte, anda, no seas pesada. –la verdad es que tenía razón, podía
ponerme muy pesada sino estaba segura al 100% de una cosa.
Viggo me llevó con
su coche hasta el lugar del rodaje. Allí nos encontramos con Orlando y también
con Adam. Al parecer Adam
se encontraba igual que Lin, porque llevaba una cara...
Orlando se le acercó pasándole un brazo por los hombros mientras le decía:
Orlando: ¿Qué, te duele la cabeza? –desviando
la mirada hacia mí. Le dediqué una sonrisa cómplice, esperando la reacción de Adam.
Adam: Si… ayer bebí más de la cuenta… –y Orlando pícaramente le cortó:
Orlando:¿No será que
quizás te golpeaste con algo…–le corté para seguidamente añadir:
Ángela: ...contundente? –los dos nos pusimos a reír. Adam nos miró de reojo, a la vez que yo cojía a Orlando por el brazo mientras nos alejábamos alegremente.
La localización de la escena que estaban filmando era en un exterior, en un pueblecito del interior. Habían ocupado la plaza mayor del pueblo con todo de cables, focos, pantallas reflectantes y demás cosas. Viggo me dió una vuelta por el improvisado plató antes de empezar a rodar. Yo me quedé flipando al ver:
Ángela: ¡Ala! La cámara de cine, que guai –mientras Viggo sonreía, Orlando se nos acercó por detrás:
Orlando: ¿Nunca habías visto una cámara de cine?
– preguntó todo divertido. Yo con el orgullo bien alto le contesté:
Ángela: Pues claro que sí –dije, toda ofendida– pero no era tan grande como ésta, la mía tenía por lo menos 40 años ya, la pobre.
Cuando empezaron a rodar me situé en la última fila, para no
molestar y me puse a mirar entre las cabezas de la gente (me parece que había
mas gente detrás de la camara que no delante). Entre las masas se encontraban el
director, su ayudante, el operador de cámara, el de sonido, el claquetista y tantos más.
Me situé lo más cerca que pude del monitor que tenían, donde se veía como era el plano realmente. No me podía creer que pudiera ver con mis propios ojos un rodaje de verdad. En cuanto el director dijo cut, todo el mundo volvió a su pocición inical, por si había que repetir la escena. Y así lo hicieron, un par de veces más. El director avisó a Viggo y a Adam que se acercaran y también llamó a Orlando. Y les dijo, abriendo una carpeta:
Director: A ver, ésta
es la escena donde aparece el personaje de Orlando por primera vez –poniéndose
la mano en la barbilla –
no se como enfocarla. Aunque aquí en el storyboard está con un plano general, no me acaba de gustar,
porque al engancharlo con su frase, no me gusta… –y se quedó pensativo unos segundos, para después añadir – Muy
bien, un descanso para comer.
Alguien repitió ¡descanso para comer! Y todo el mundo se
dirigió hacia las carpas, donde había el catering
esperando con la comida en unas largas mesas. Yo seguí a todo el rebaño de gente y me junté con los
chicos, felicitándoles por lo bien que lo habían hecho. Viggo
me presentó a un montón de gente, que no paraba de hablar muy rápido y con
demasiadas abreviaciones para mi nivel de inglés. Al cabo de un rato, ya no lo
soportaba más, y decidí ir otra vez al plató
para observar con detenimiento todo lo que me envolvía, y así alejarme por
un momento de aquella especie de
idioma llamado inglés. Mis ojos recorrieron toda la plaza, fijándome en cada
foco y recordando los nombres de cada uno de ellos, era increíble que aún me
acordara. Vi que el director se había dejado la
carpeta con el storyboard
encima de su silla. Sabía que era suya más que nada porque ponía bien claro “Director”. No me pude resistir. Miré a
un lado y a otro, ¡perfecto! No hay moros
en la costa, me dije a mi misma. Cogí con cuidado la carpeta y observé el
plano que antes había comentado el director. Me quedé mirándolo con atención. Oí
que alguien me llamaba a lo lejos, y hecha todo un manojo de nervios cerré la carpeta
y la dejé otra vez en su sitio.
Al darme la
vuelta vi a escasos metros de mí a Viggo, y levantando una ceja me dijo:
Viggo: ¿Se puede saber qué estabas mirando con
tanto interés? –sin dejar de mirarme
inquisitoriamente.
Ángela: Bueno yo... ¡lo siento! No me he podido resistir y he ojeado el storyboard.
Creo que quizás con dos planos separados, un primer plano de
la cara de Orlando y despúes el general quedaría mejor, yo lo... –Viggo no me dejo terminar la frase y cogiéndome
de la mano me dijo:
Viggo: Sígueme. –dijo con determinación.
Cuando pasabamos por la carpa del catering, buscó con la mirada a Orlando y le hizo un movimiento de cabeza para que también nos siguiera. Nos paramos frente una carabana donde se leía un cartelito: the director.
Viggo: Dile lo que me has dicho a mi.
Ángela: Yo... lo
siento –dije bajando la cabeza. No podía creer que Viggo
me trajera delante del Director de la peli para pedir
disculpas (por haber cojido la carpeta), pero me cortó
y dijo:
Viggo: No, eso no, la idea del plano en que aparece Orlando –no lo podía creer, Viggo me había traído delante del director para que le diera la idea que hacía unos segundos le había comentado a él, era solo una elemental y simple idea.
Director: Es algo sencillo –dijo pensativo–
no se me había ocurrido...
pero creo que funcionará. Sí, vamos a probar tu idea.
A Viggo se le formó una gran sonrisa y Orlando se quedo
sorprendido de mi simple pero brillante idea. La hicieron y a todo el mundo le
gustó. Era simple, solo con poner un primer plano de Orlando ya estaba
solucionado y matábamos dos pájaros de un
tiro. Por un lado el corte quedaba mejor, y por el otro las fans de Orlando (yo incluida) quedaríamos encantadas con un
primer plano suyo.
Orlando se acercó y me felicitó, mirandome con sorpresa dijo:
Orlando: No
pensaba que supieras tanto. –yo ni corta ni perezosa le saqué
la lengua y le contesté:
Ángela: Pues pensaste mal. –más orgullosa
de mí misma que nunca (esta soberbia se debía por pasar tanto rato cerca de Cleo).
Había sorprendido
a Orlando y eso ya era mucho. Y Viggo estaba orgulloso
de mí. Lo demás no me importaba demasiado.
Después de estar un
rato observando como ensayaban, las piernas me comenzaron a doler por estar
tanto rato parada, así que decidí ir a dar un paseo, llevándome el mp3 y mis
lecciones de inglés conmigo. Me detuve frente las caravanas de los chicos y me
senté en una de las escaleras. Estaba tan concentrada repitiendo en voz alta
las lecciones del mp3 que no me di cuenta hasta que ya era demasiado tarde.
Reparé en que Orlando, que estaba reclinado en una de las caravanas, me estaba mirando
y riéndose a carcajadas.
Él imitó mi mala
pronunciación y se volvió a reír. Yo me sonrojé y enfadada le dije:
Ángela: ¡You are stupid! (¡Eres un estúpido!) –más ofendida que nunca, me levanté y me fui. Pero entonces oí a Orlando
gritar mi nombre, aunque no me paré.
Noté como me cojía de la muñeca y me estiraba para que me parara. Aunque
intenté liberarme, porque en ese momento estaba dolida y no quería escucharlo,
al final él ganó. Me giré hacía él pero no le quise mirar a la cara. Entonces
me dijo:
Orlando: I’m sorry (Lo siento). No quería que te enfadaras.
Ángela: Me estoy esforzando y lo único que se te ocurre es burlarte…¿Cómo esperabas que reaccionara?
Orlando: De verdad
que lo siento, perdóname –hizo una pequeña pausa y después añadió– que te parece si para compensártelo… yo seré tú profesor de inglés, ¿Qué
me dices?
No le contesté
que sí en seguida, me hice rogar un poquito, pero después sonreí y acepté.
Para celebrar mi
gran triunfo cinematográfico (solo era una excusa para salir de fiesta), los
chicos y yo decidimos salir de marcha aquella noche. Fuimos todos a casa de Viggo para cambiarnos y recoger a Lin.
Decidí estrenar
el vestido que me había regalado Viggo en España. Sólo
me tuve que peinar y ya estaba lista. Lin también se
cambió en un abrir y cerrar de ojos, cosa poco habitual en ella, pero creo que
tenía las mismas ganas que yo de salir, es decir, ¡Enormes!
Fuimos a una
discoteca y después de tomarme un par de copas ya estaba bailando en la pista y
hablando por los codos, enlazando el medio inglés con el castellano.
Viggo
me cogió por la cintura y me bajo del podium, me llevó fuera a la terraza para
que me diera un poco el aire y me dio un vaso de agua. No estaba acostumbrada a
beber, aunque solo hubiera sido unas copas. El aire frío me sentó de maravilla
y dado que mi embriaguez era bajísima, no tardé en recuperar mi serenidad.
Cuando ya estaba más calmada le pregunté a Viggo, muy seria:
Ángela: Viggo, ¿Te puedo preguntar algo?... ¿Por qué has
hecho todo esto por mí? No merezco tanta amabilidad por tu parte, ¡yo no he hecho nada! –exclamé.
Él me
devolvió una mirada también seria:
Viggo: Verás, te pareces mucho a
alguien que perdí hace tiempo, mi hermana pequeña, y me recuerdas mucho a ella.
Era demasiado joven cuando la perdimos.
Ángela: Yo… lo siento mucho. No lo sabía. Sabes yo también perdí a alguien pero
has de comprender que yo
no soy tu hermana, y tampoco no somos la misma persona. Pero, sabes una cosa, sí
que somos buenos amigos, y ¿sabes qué? ¡Brindo por eso!- Alcé el baso de agua y bebí un poco. Después lo miré, me acerqué a él,
lo abracé tiernamente y le di un beso en la mejilla.
Nos
quedamos un rato, así, sin decir nada más.
Vi
que Orlando nos observaba desde la puerta de la discoteca. Entramos los dos
cogidos de los hombros, y Orlando sin atreverse mucho a preguntar le dijo,
mirando a Viggo:
Orlando: ¿Ha
pasado algo?
Viggo: Me he dado cuenta de que An –atrayéndome hacia él y cogiéndome más fuerte– es una BELLA persona y una GRAN amiga y por eso… ¡yo también brindo!
–bebió de la copa de Orlando, mientras éste me miraba confundido.
Solo pensar que al día siguiente se nos acababan las
vacaciones nos ponía tristes. Lin (esa
manipuladora... ggrr! Como la adoraba) dijo que no podía irme de Gran
Bretaña hasta que no supiera inglés, que sería bueno para mi trabajo y que cómo
iba a rechazar las clases de Orlando (haciéndome chantaje con que Orlando y yo
estaríamos solos). Después de pensarlo muuuchooo (siempre sopesaba los pros y
los contras de cada cosa), decidí quedarme. Eso sí, no sin antes poner dos
condiciones. La primera, alquilar un apartamento para cada una (no era plan de
quedarnos toda la vida en casa de Viggo). Y la segunda, encontrar un trabajo
para practicar el idioma y conocer gente.
Llamé a Vero, que puso el santo en el cielo, como de
costumbre, pero lo entendió.
Nos pasamos toda la tarde buscando piso y dejando un montón de curriculums en variedad de trabajos. Cuando ya nos dábamos por vencidas, conseguimos dos apartamentos uno encima del otro. ¡Por lo menos habíamos encontrado piso!