Capitulo 3
Vero estaba mas contenta que nunca, aunque al final me cayó algo de reprimenda. Debía reconocer que era justo, al fin y al cabo era una cámara cara y debía tener más cuidado. Pero por suerte, esta vez me había salido todo bien. Las emociones fuertes ya habían pasado… o al menos eso creía!
Al releer la carta me emocioné de nuevo. Tanto que no pude evitar llamar de inmediato a mi mejor amiga Eilyn. La conocí en el colegio, cuando éramos pequeñas. Después nos separamos y al volvernos ha encontrar, nuestra amistad se hizo mas fuerte, hasta el punto de contárnoslo todo.
La carta de Viggo Mortensen decía que, qué mejor forma de empezar nuestra amistad que ir juntos a una pequeña fiesta que había en un pub. Para tomar unas copas aquella misma noche.
Así que con ésa grata sorpresa, invité a Lin (nombre cariñoso con el que me refería a Eilyn) a que me acompañara, y claro está no se hizo de rogar. Nunca hubiera dicho que me fuera tan fácil convencerla, ya que siempre se hacía suplicar mucho (a veces la llamaba “Cleo”, por la Reina Cleopatra, ya que siempre quería salirse con la suya). Pero esta vez Cleopatra no rechistó. Y aun menos cuando le comenté que iríamos de compras…cosa que por supuesto la acabó de convencer (nunca fallaba).
Al llegar a mi pequeño apartamento, situado en un estrecho callejón
del centro de la ciudad (Lin lo llamaba “Callejón Diagon”
en referencia a “Harry Potter”), me encontré un paquete frente
a la puerta. Primero fui recelosa: ¿y si alguien me había puesto
una bomba? Me acerqué con sumo cuidado, puse la oreja, pero como no escuché
el característico “tic-tac” lo entré en casa.
Era un apartamento pequeño, de 2 habitaciones. Una era el dormitorio
y la otra la usaba como despacho, donde había instalado mi ordenador
con dos pantallas.
Dejé el paquete junto al contestador, en la mesita baja de estilo oriental que tenía en el salón, al lado del sofá. Pulsé el contestador, que parpadeaba, y la voz femenina robotizada me dijo – “Tiene un mensaje nuevo” – Mientras lo escuchaba, me dirigí a mi habitación para cambiarme. – “Espero que te guste el regalo, es para que te lo pongas esta noche. Te pasaré a buscar sobre las 23pm, pero esta vez sin limusina” –Y se escuchó una risa de fondo. Esa voz… ¡era Viggo! Salí a toda prisa de la habitación, a la vez que me ataba el pelo con un pasador, y con emoción abrí el paquete. Envuelto entre el papel, vi un hermoso vestidito de primavera, con flores pequeñitas de color amarillo y azul, que lo adornaban con una franja por la parte superior y otra por la inferior del vestido. La prenda se complementaba con unos zapatos a juego, que llevaban incrustadas pequeñas flores en las cintas. Decidí comer algo rápido mientras esperaba a que llegara Lin.
Lin se quedó totalmente sorprendida con el vestido, aunque aun así fuimos de compras (por más que lo intenté no logré sacarle la idea de la cabeza). Así que no tuve más remedio que hacer de perchero mientras ella se probaba un montón de ropa.
Al final, como pasaba siempre que salíamos juntas de compras, yo también
acabé por comprar algo, (ésta Lin siempre me hacia lo mismo).
A la hora de la verdad, decidí no ponerme el vestido, sino lo que me
había comprado. Una falda en tonos blancos y naranjas, que conjuntaba
con una camiseta naranja con cuello barca y algo abierta por la parte de atrás
(con un cordón en ziga-zaga que iba de un lado a otro de la espalda).
Para terminar, me coloqué un cinturón ancho a la cintura que adornaba
todo el conjunto.
Me recogí el pelo, con una pequeña trencita, pero como aun no
tenía el pelo demasiado largo me caían algunos mechones en la
cara.
Lin, sin embargo, se había puesto una falda negra y recta, que le llegaba
por las rodillas. Para conjuntar, se puso un top rojo sin mangas que llevaba
una pequeña flor a un lado del cuello.
Por último, se puso unas sandalias negras de tacón (alto, pero
lo justo para dejarla caminar con cierta normalidad), y se dejó la melena
suelta, ataviada con dos pequeños clips de mariposas que sujetaban un
mechón de pelo en el lado izquierdo de la cabeza.
Después de tanto preparativo llegó Viggo, que como había prometido no vino en limusina (Lin no se creyó que alguna vez hubiera existido una, y mucho menos que yo hubiera subido) ¡Y por eso me sacó la lengua! a modo de burla. No hace falta que comente como se quedó Lin al ver por primera vez a Viggo, tuve que darle un ligero codazo para que reaccionara y se presentara debidamente.
Viggo (ahora que ya había más confianza me atrevía a tutearle) me preguntó el porqué no me había puesto el vestido:
Viggo: Ángela, ¿A caso no te ha gustado mi regalo? –me preguntó con cara de decepción.
Ángela: No es eso, pero… no puedo aceptarlo –le dije tímidamente.
Viggo: Yo no pienso quedármelo, no me lo puedo poner, no es de mi talla –y me guiñó un ojo– Así que mejor te lo quedas tu, para otra ocasión, ¿ok?
Cogimos un taxi y al llegar al pub, me di cuenta que no era ninguno de moda
(de los tantos que habían en la ciudad), sino uno cualquiera. Eso sí,
el nombre era muy bueno: El chupa sangre.
Al entrar me fijé en que todo el local tenía un estilo tenebroso.
Estaba ambientado con telarañas que colgaban por todos lados, murciélagos,
luces de colores… sobretodo tonos rojizos, y también habían
ataúdes anclados a las paredes.
Claro, ahora entendía el nombre del local. Había bastante gente
pero se podía pasar sin dificultad.
Viggo nos preguntó qué queríamos tomar, así que fue a la barra y pidió tres cócteles sangrientos (los pedimos por recomendación suya, pero a saber que sería eso...). Lin me dijo que iba un momento al baño, así que me quedé sola al lado de una estatua de cera del vampiro más famoso. Cuando giré la cabeza, vi a Lin desde lejos hablando con un chico muy mono. Después volvió a mi lado, con una copa en la mano. Yo sin ánimo de cotillear (bueno, tal vez un poco) le dije:
Ángela: ¿Qué, ya estabas ligando? No se te puede sacar de casa. –ella toda sonriente me contestó:
Lin: Pues verás… –creando un pequeño silencio para crear intriga– La verdad es que con estos tacones, me he tropezado y… –yo la interrumpí, y dije:
Ángela: ¡Ya! Seguro que han sido los tacones… ¡te has tirado encima de él! –Lin me pegó en el brazo y continuó como si no hubiera dicho nada:
Lin: Y él, muy amable, me ha cogido para que no me cayera al suelo. Como me dolía un poco el tobillo, me senté unos minutos en el taburete de la barra y después me invitó a una copa. Fin de la historia.
Vimos que se acercaba Viggo trayendo consigo las bebidas. Cuando llegó junto a mi, nos dijo:
Viggo: Os traigo las bebidas, y un complemento –se puso a un lado para dejar pasar a un amigo que venía justo detrás suyo– Ángela –hizo una pequeña pausa, para mirarme, y para después mirar a…– Eilyn; este es un amigo, Adam.
Lin se quedó sin respiración… y me dio tal codazo que todavía sigo recordando a todos sus antepasados. A continuación me dijo, murmurando:
Lin: An, es él… ¡el chico de antes!
El susodicho, muy caballeroso, me cogió la mano y me dio un pequeño beso. Después hizo lo mismo con Lin, y aún sosteniéndole la mano, se la quedó mirando fijamente a los ojos y dijo:
Adam: Ahora ya se tu nombre… ¿como tienes el tobillo? –preguntó sin dejar de mirarla.
Viggo nos contó que Adam, al igual que él, era actor y que estaban
a punto de comenzar a rodar una película juntos.
Adam era de madre Neozelandesa y padre Sueco. Con una combinación así,
no podía faltar un pelo muy rubio y unos ojitos de color verdes. La verdad
es que se parecía bastante a un piloto de Formula 1 que a Lin le encantaba.
Justamente fue eso lo que ella me comentó, y no pude evitar reírme.
Adam en su país era un actor reconocido, pero como solía pasar,
sus películas eran una de las tantas cosas que nunca llegaban a España.
Nos pasamos toda la noche charlando, y tanto Viggo como Lin me hicieron de traductores, ya que mi nivel de inglés era básico. A veces, yo traducía algunas cosas de un modo diferente, particular, que les encantaba y provocaba que rieran. Luego, al enterarme de su verdadero significado, no tenían nada que ver con la realidad.
Viggo nos comentó que él y Adam comenzarían el rodaje cuando volvieran a Londres. Lin y yo solo con mirarnos ya sabíamos que pensábamos (iríamos a ver ésa película sin falta). También nos contaron que lo hacían sin cobrar, ya que era por una buena causa. Todo lo que recaudaran iría a parar a una fundación para niños huérfanos. En ése momento sentí una gran admiración y respeto por aquellos dos hombres, al descubrir que no se les había subido la fama a la cabeza. Se me encogió el corazón al recordar lo que había pensado de Viggo la primera vez que lo conocí –“No se acordará de lo que me ha dicho, como es una persona importante”(…)“solo lo ha dicho para quedar bien” – me avergoncé de mi misma.
Al terminar la noche, Adam nos comentó que le caíamos muy bien. De mí le encantó mi gran simpatía y mi character outgoing, como decía él. Y de Lin…bueno, era obvio que se había quedado prendado de ella.
Los siguientes dos días los pasamos recorriendo los rincones más turísticos de la ciudad. A nosotros se unieron Adam y Lin. La amistad entre ellos fue en aumento, así que yo procuraba dejarlos a ratos solos, llevándome a Viggo conmigo.
Una noche, fuimos a un parque donde había jardines. Lo estábamos pasando en grande, y se nos hizo de día paseando. Íbamos tan distraídos y animados charlando, que no nos dimos cuenta hasta que fue demasiado tarde. Mientras caminábamos descalzos por la hierba, los aspersores se pusieron en marcha de golpe, cogiéndonos por sorpresa y dejándonos bien empapados. Este fue uno de los tantos días en los que pasamos un buen rato juntos.
La última noche que quedamos (ya que al día siguiente se marchaban hacía Londres), Lin se quedó a dormir en mi casa. Tuvimos tiempo para hablar nosotras dos solas, y por supuesto le pregunté por Adam:
Ángela: Bueno Lin, ya me estas contando tu gran amistad con Adam –le dije mirándola malévolamente. Como se hacía la loca, le insistí– No te hagas la despistada que sabes perfectamente a que me refiero…
Lin: Nada… pues… te acuerdas aquel día, cuando compramos los helados… verás –hizo una pausa para observarme, yo la apremié para que lo soltara de una vez– Adam me dijo si quería probar el suyo, como era de chocolate... (ya sabes como me gusta el chocolate), no le pude decir que no… Lo probé, y al parecer me quedó algo de helado en el labio…así que en vez de advertirme amablemente…pues me lo limpió con un suave besó.
Mi cara estaba desencajada y mis ojos…bueno, basta decir que me era imposible abrirlos más. Con un chillido empecé a decir:
Ángela: ¡¡Lin!! ¡Seras gua*****rra! –y la empujé todo lo fuerte que pude hacia atrás, (era una de mis manías, pegar siempre a la gente, cuando hacían o decían algo que no me gustaba o me sorprendía) – Y lo habéis mantenido en secreto, desde ese día.
Lin: Bueno, en secreto, secreto… tampoco es que seamos una pareja oficial… simplemente nos gustamos. Nos lo hemos pasado muy bien estos días, y queremos intentarlo, a ver qué pasa, aunque él se pase gran parte del tiempo viajando…
El último día juntos lo pasamos en la playa, suerte que ya casi
era verano y no soplaba mucho viento, porque como era de esperar esos dos no
podían estarse quietos, y mientras paseábamos por el lado del
mar (Lin y Adam ya iban cogiditos de la mano, ¡que monos!), nos empezaron
a tirar agua y claro está que nosotras dos se la devolvíamos con
creces, al llegar el mediodía, estábamos tumbados en la arena,
esperando que el sol secara nuestras ropas.
Comimos en un “chiringuito” del lado de la playa y fuimos a despedirlos
en el aeropuerto.
La despedida, como todas, fue triste. Pero para Lin con un sabor dulce, ya que recibió un mensaje de Adam que decía –“Los helados de chocolate ya no tendrán el mismo sabor que antes…”.
Al cabo de unos días, cuando Viggo y Adam ya se habían marchado,
tanto Lin como yo ya los echábamos de menos. Para distraerme un poco,
y después del éxito que había tenido con mis particulares
traducciones, decidí aprender inglés de una vez.
Dicho y hecho, me compré todo un pack en el quiosco sobre: “Como
aprender inglés en 1000 palabras”. Juntamente con los libros venía
un CD para escuchar la pronunciación. Así que iba a todos sitios
con mi mp3 y mi cursillo rápido de inglés.
Algo más de un mes después, de volver a la rutina del día a día (sin fiestas ni noches de largos paseos y risas), llegué a casa y vi que la lucecita roja del contestador parpadeaba –“Tiene un mensaje nuevo” – decía la voz –“An! Soy yo, Viggo. ¿Como va todo? ¿Recuerdas cuando me dijiste que te gustaban los caballos? Resulta que esta semana tenemos un descanso del rodaje, y quería invitarte a mi casa de verano, aquí en las afueras de Londres. Te he mandado dos billetes, uno para ti y otro para Eylin, que también hay alguien aquí que se muere de ganas de volver a verla. Te esperaré en el aeropuerto, ¿vale?– Y así me quedé, con la chaqueta y el bolso aún puestos, de pie junto al teléfono sin acabar de creer lo que acaba de escuchar.
(---Notas de la Autora---)
¿Que pasara? ¿¿Aceptaran ir?? Y empezar una nueva y apasionante aventura en Inglaterra… La cosa para ellas se pone interesante, pero yo creo que tod@s sabemos la respuesta a la pregunta… je, je, je. ¡Ah! El pack del que hablo realmente existe!! JAJAJa.