Capitulo 15
Estaba
sujetando el pañuelo con hielo, pero la mirada la tenía perdida, pensando en
todo lo que había pasado. Repasándolo una y otra vez. Viggo
se acercó a mí, interrumpiendo mis pensamientos. Me miró y me dijo:
Viggo: Me parece que se ha ido por la
puerta de servicio que da a la parte de atrás. –Lin se acercó también y sin decir nada me
cogió el pañuelo, para sujetarlo ella. Yo les miré a los dos y me fui decidida
hacia la puerta de servicio.
Al
salir la puerta golpeó contra los cubos de basura y se escuchó un golpe seco.
Orlando, más que por el ruido, al verme se levantó de golpe. Nos miramos unos
segundos y luego me acerqué despacio hacia él, y le dije con un tono suave:
Ángela: ¿Por-… por qué has hecho eso? –él ni siquiera me miró, y me dijo secamente:
Orlando: Ahora no quiero hablar contigo, déjame en
paz, por favor. –en tono suplicante. Abrió
la verja de la calle y salió. Yo lo miré preocupada y dije casi en un susurro
su nombre. Pero Orlando no me escuchó, y si lo hizo no se detuvo.
Di unos
cuantos pasos hacia la puerta por donde yo había salido, para volver a entrar
en la discoteca. Pero estaba demasiado preocupada por Orlando. A parte, él
había estado a mi lado cuando más lo había necesitado y yo, ahora, no podía
dejarlo solo. Así que lo seguí de lejos.
Se
introdujo en un parque, yo también entré y me escondí detrás de unos arbustos.
No quería molestarlo. Al mirar alrededor me di cuenta que era el mismo al que
habíamos venido a hacer el picnic. Observé a Orlando atentamente. No paraba de
dar vueltas de aquí para allá. Se pasó largo rato así. Hasta que se paró en
secó y rebuscó en el bolsillo de su chaqueta. Ahora que lo notaba, yo no
llevaba y me estaba empezando a helar.
Vi
que del bolsillo sacaba un paquete de tabaco. Yo, enfadada pero cautelosa, me
acerqué a él con los brazos cruzados, para resguardarme un poco del frío. Me
quedé a unos pasos de él. Orlando alzó la cabeza y al verme se sorprendió.
Entorné los ojos y le dije:
Ángela: Orlando… esto no es bueno para tu salud –le quité el cigarro de la comisura de los
labios y lo tiré al suelo. Volví a cruzarme de brazos y me los froté.
Orlando: ¿Cuánto hace que estás aquí? –me preguntó incrédulo.
Ángela: El suficiente para saber que… si sigo así
me congelaré –Orlando dio unos pasos hacia
mí y me cogió por los brazos, al instante que me decía:
Orlando: Tienes razón, perdona, deja que te de un
poco de mi calor(1) –y sin más me besó.
Yo al
instante lo separé de mí, y después le di un bofetón. Lo miré severamente y le
dije:
Ángela: ¡Ya te dije que éstas
bromas no me gustan! –Orlando se frotó la
mejilla, y yo le continué diciendo– La culpa la
tienen Lin y Adam. Te han
echado alcohol en la bebida y por lo que se ve, no te sienta muy bien. –hice una leve sonrisa forzada.
Orlando: Sí, debe ser eso… –me contestó. Después miró hacia el lago que teníamos al lado. Y dijo– Sabes… estos días no te he podido quitar de mi
cabeza… –yo le interrumpí y con una
sonrisa un poco más amplia le contesté:
Ángela: Ah, no sabía que eso fuera molesto, ji, ji, ji…
–Orlando me miró y empezó a decir:
Orlando: An yo… –pero le corté y no le di tiempo a que
terminara, mientras le indicaba que nos fuéramos le dije:
Ángela: Más vale que volvamos si no quieres que me
convierta en un cubito de hielo… –en ése
momento Orlando se quitó su chaqueta y me cubrió con ella. Se lo agradecí con
un ligero movimiento de cabeza mientras continuaba diciendo–
A parte… tampoco sabría volver, así que…
Orlando: Ja, ja, ja… por eso te esperaste,
¿eh? –yo le saqué la lengua y empecé a andar
más deprisa. Orlando con un par de pasos me alcanzó y no volvimos hablar de lo
que había pasado.
Los
días siguientes no le pregunté a Orlando por qué había hecho lo que había
hecho. Quería que fuera él quien me lo contara. Así que no insistí. Lo notaba
más distante, pero como si a la vez algo nos hubiera unido y aunque no sabía
que era, estaba preocupada.
Lin,
como vió que estaba un poco angustiada, me llevó de
compras. No sabría decir a quién le gustaba más. Porque cuando le coges el
gusto ya no se puede parar. Fuimos a comer fuera, Lin
me invitó. Me dijo que cuando ella estaba triste yo siempre había estado allí
para animarla.
Ángela: Pero Lin, no es
lo mismo. –vino el camarero a tomarnos
nota y nos interrumpió. Al girarse, Lin se
inclinó hacia un lado de la silla para tener mejor perspectiva y me dijo,
sonriente:
Lin: Te has fijado en el culito que tiene el camarero… –yo le di un golpecito en el brazo y alzando
la voz más de la cuenta, le dije:
Ángela: ¡Idiota!
Si tú ya tienes uno… –Lin
me miro sorprendida y siguiendo mi tono de voz me dijo:
Lin: ¡Serás tonta! ¡Y tú porque no
quieres! –mientras
hacía aspavientos con la mano.– Porque ayer no te aburriste… ¿eh? –me dijo
acusándome, sin darme tiempo a replicar, añadió–
¡Y no con uno, sinó con dos! –acompañó las palabras recalcándolo con los dedos.
Ángela: Cómo que porque no quiero… ¡COMO QUE CON
DOS! ¿Qué dos? –le pregunté atónita.
Lin: Como si no lo supieras… –me contestó pícaramente.– Estuvisteis fuera mucho rato, ya me
estás cotando que pasó…
Ángela: ¿Te refieres a Orlando? Ja,
ja, ja –le contesté– ¡No digas bobadas! Él ya
dijo una vez que no era su tipo… –me puse
seria– Que rea como una hermana.
Lin: No te obsesiones con eso… las
cosas cambian y… no me desvíes el tema. ¿No te dijo nada, en todo el tiempo que
estuvisteis fuera?
Ángela: No hablamos demasiado, aunque tampoco le
dejé. A parte, estaba un poco bebido, así que no le tomé en serio.
Lin: ¡Ah!, ¿pero es que dijo algo?
Ángela: Lin no insistas.
Solo salí para ver como se encontraba. Aunque es verdad que lo noté distinto.
Creo que algo ha cambiado, pero no se qué es.
Lin: No te cierres en una sola
persona, porque… te sorprenderías. Estos días de fiesta relájate –en estas volvió el camarero con nuestras
bebidas. Lin fue extrañamente amable y le dio las
gracias, sin dejar de sonreír. Al darse la vuelta, Lin
repitió la misma maniobra de antes.
Antes
de que pudiera hacer ningún comentario le salté:
Ángela: ¡Te has fijado en sus brazos! Dioossss… –mientras
me abanicaba con las manos tratando de calmarme.
Lin: Claro que me he fijado, si es
que yo tengo un ojo para esto… –me dijo
con cara de perversa– ¿Cuando volvemos a venir a ver a mister trasero?
Ángela: Eso, eso… mister trasero jajajjajaajajaa –armamos un gran jaleo, que atrajo la atención
de todo el que pasaba.
Al
volver a casa, nos paramos en el piso de Lin. No podíamos más con las bolsas.
Entramos y Lin dejó caer al suelo todas las bolsas
que llevaba en las manos. En ése momento me sonó el móvil. Tiré primero la que
llevaba cogida con la boca, y luego dejé las demás.
Por la
carita sonriente que me salía en el móvil sabía que era Viggo.
Contesté. “¡Hi!
Era para deciros que como hay un puente de tres días podríamos ir a mi casa del
campo y repetir la barbacoa que hicimos, ¿Qué os parece?”Adam
me ha dicho que le preguntes a Lin qué le apetece.
Se lo comenté y ella dijo encantada que sí. Viggo me
contestó: “Perfecto, entonces os pasamos
a buscar”. Yo intenté decirle qu-... pero me
colgó.
Ayudé a
Lin a hacer la maleta, en lugar de tres días parecía
que se fuera una semana entera. Casi cuando estábamos terminando, sonaron un
par de claxons. Saqué la cabeza por la ventana i los
saludé con la mano. Apremié a Lin, ya que los chicos
estaban en segunda fila.
Al
bajar introducimos las maletas de Lin en el coche y Viggo exclamó:
Viggo: ¡Vamos allá! –yo lo detuve cojiendolo
del brazo y le dije:
Ángela: Lo siento, pero no voy… –Viggo me miró
incrédulo y me contestó:
Viggo: Y todas ésas maletas… –Lin y yo nos
reímos. Lin que era culpable levantó la mano y dijo:
Lin: Son todas mías. Como An no viene aprovecho su espacio –abrí los ojos y le dije en broma:
Ángela: Serás wa*** ja, ja, jaaa
–nos empezamos a reír las dos, mientras
yo le hacía cosquillas.
Viggo
y Orlando empezaron a decir que les acompañase, ¿que haría yo sola durante tres
días? Pero Lin les interrumpió y dijo que ya lo había
intentado ella y no había forma. Estuve tentada, pero dije:
Ángela: Otro día será. A parte… quizás quede con
David para repasar los últimos capítulos de
Orlando: ¡Venga, nos vamos! –todos obedecieron sin decir ni pio. Me quedé
en el portal viendo como se marchaban.
En ésas
que Orlando sacó la cabeza por la ventana y diciendo adiós con la mano gritó a
pleno pulmón:
Orlando: ¡Annn, si pasa
cualquier cosa, llámame! ¡Yo vendré en seguidaaa…!
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1) Es momentazo
“La familia crece”. Gracias a todos ellos! ^_~
Sadhe